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Perder el miedo a los zapatos de ante

Diseñar unos zapatos personalizados a nuestra medida, a veces se puede comvertir en un quebradero de cabeza. Os doy muchas opciones y siempre os explico las ventajas y los inconvenientes. Hoy os cuento un poco sobre la piel de ante que está en auge.

Os sorprende mucho ver sandalias en ante, ya que lo asociamos al invierno. Pero no es una asociación correcta, ya que el ante no es una piel tan impermeabilizada y puede llegar a calarse con la lluvia.

A mí personalmente me gusta mucho ver la piel de ante en mis zapatos que dependiendo de cómo esté peinado se ve más oscuro o claro. Es muy versátil. Además, para hacer combinaciones con otras pieles, si son de fantasía no les roba el protagonismo, creando unos zapatos diferentes y atrevidos a la par que elegantes.

Los zapatos de ante, (no confundir con el serraje), son los que están realizados con la parte interna de la piel, en mi caso, piel de cabra.

El ante es el material más cómodo que existe, por ello siempre os lo recomiendo. Es una piel muy suave, y muy finita.

La piel de ante sería la más cómoda para vuestros pies, seguida del mestizo, charol y por último la tela.

Os sorprende mucho a las que tenéis algún juanete o huesecito, cuando en la prueba, en unos minutos, se hace el hueco dentro del zapato.

Bueno, pues entonces parece que no hay duda en elegir piel de ante, ¿no?

Pues la desventaja viene a la hora de la limpieza y no siempre tenéis estas pieles en cuenta por este motivo.

Por ello os dejo algunos truquitos para que os animéis a utilizarla sin miedo.

  • Mi primer consejo es utilizar un aerosol impermeabilizante para calzado. El color de tus zapatos durará más en el tiempo. Y mientras que no tengan ninguna mancha, cada vez que te los quites debes utilizarlo. Peinandola previamente.
  • Es importante cepillarlo antes de utilizar el spray. Así eliminarás el polvo y el aerosol hará mucho mejor su trabajo. Podéis usar un cepillo de cerdas metálicas.
  • Si hay una mancha, podéis diluir en agua unas gotitas de amoniaco, y con un algodón mojar la manchita con toquecitos suaves. Tened cuidado con el amoniaco, que os puede quemar o irritar la piel y sobre todo no acercarlo a la cara puesto que podéis intoxicaros. Y por supuesto no lo echéis directamente sobre los zapatos porque puede comerse todo el color.
  • Mi último consejo lo haremos cuando los zapatos ya estén muy rozados y no funcionen los otros truquitos. A veces quitamos la mancha, pero queda un cerquito de agua o de la misma mancha. O también si está muy rozado en general y ya no mantiene el mismo color. Así que hay que fregar los zapatos. Sí, no os asustéis que todo se seca. Con una gamuza y un pelín de jabón mojamos todo el zapato en todas las partes que tenga ante. Debe quedar mojado por igual, y si aún queda alguna mancha, podemos frotarlo para que desaparezca. Y lo dejamos secar sin miedo. Cuando se seque tendrá el color unificado y no habrá manchas. Por último lo cepillamos porque el pelito se quedará un poco apelmazado y le echamos el aerosol para volver a protegerlo.

Recordad que la piel de unos zapatos requiere cuidados, sea del tipo que sea. Nuestra piel la lavamos con agua y jabón y nos hidratamos con cremas. Pues la piel de los zapatos es igual y hay que cuidarla para mantener nuestros zapatos como nuevos.

Y si no podéis quitar las manchas o no os atrevéis a fregarlos, me los traéis y yo recuperaré el máximo color de vuestros zapatos. Sobre todo, de esos tacones clavados en hierba y tierra. Seguro que más de una se siente identificada, desde luego yo sí.

 

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